El día 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, instaurado por la ONU en 1975, en numerosos países. Comenzó siendo un día en el que reclamar la igualdad para la mujer trabajadora en el contexto de la revolución industrial. Se trataba de los inicios de la mujer en el mercado laboral.

Y ahora la lucha es la misma y a la vez es otra, más compleja, más profunda, un contexto distinto, pero un mismo objetivo: igualdad de derechos, no solo en el mercado laboral productivo, sino también en los cuidados, en ese trabajo invisible, que no se ve, pero pesa y cuenta mucho, ese gran trabajo que es prácticamente femenino, que mantiene el orden de las cosas y que empuja cada día a la renuncia a numerosas mujeres.

 

La mujer ha salido de casa a trabajar, pero el hombre no ha entrado en casa a trabajar

Este es el principal problema de la falta de conciliación. Los roles tradicionales se perpetúan en el hogar generación tras generación, la mujer lucha por seguir adelante, por no renunciar pero la falta de equipo lo hace complicado, casi heroico. Esto unido a una falta de apoyo gubernamental a la maternidad, a la falta de consenso en un problema que nos afecta a todos, a la falta de medidas para solucionar la brecha salarial, para fomentar el talento femenino en las empresas y para apostar por políticas de conciliación para todos y todas diseña un panorama desalentador en la lucha diaria por la igualdad de derechos.Una igualdad necesaria dentro y fuera de casa para que el trabajo reproductivo no impida a la mujer hacer el trabajo productivo y visibilizar su papel en la sociedad.

Más de 150 países unidos por una lucha común. El movimiento feminista es ejemplo de unidad, de sororidad y asociacionismo, de comprensión y respeto. Esto no es una cuestión de colores, no es un tema de ideologías, para mí es compromiso y responsabilidad por una lucha que comenzaron nuestras antepasadas y que el 8 de marzo rinde tributo a todas las mujeres que admiramos, que luchan cada día, que cuidan mayores, que cuidan de sus hijos, que trabajan en una fábrica o en la luna, mujeres referentes, mujeres que dan pasos, mujeres todas ellas que se merecen celebrar un camino que no es fácil, pero que juntas si nos damos la mano recorremos con menos miedo, con menos culpa, con más fuerza.

 

María Reguilón Gallego